Mapa colaborativo de emergencia | 2026
El 10 de agosto de 2026, a las 7:34 de la mañana, un sismo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar, en el Chocó, sacudió el suroccidente de Colombia. En las horas siguientes la ayuda se organizó por los canales que ya existían, sobre todo grupos de WhatsApp, donde circulaban listas de puntos de acopio y de lo que hacía falta en cada sitio. Esa información se comparte muy rápido y no se puede corregir una vez enviada, así que en pocas horas un punto podía estar ya cubierto o necesitar otra cosa, y no había manera de saberlo sin acercarse.
De ahí salió la petición, en uno de esos grupos, de un mapa en tiempo real de voluntarios y necesidades. El mapa estaba funcionando al mediodía del día siguiente. Esa primera noche ya pasaba de 1.100 personas conectadas a la vez y de 300 puntos, casi todos publicados por gente que estaba en el terreno.
Cualquiera publica un punto sin registrarse, marcando dónde está con su GPS, con una dirección o con un pin en el mapa, y contando qué pasa y qué se necesita. A partir de ahí, quien esté en el lugar lo confirma o lo corrige con un toque, ajusta cuánta gente hay y cuánta falta, y sube fotos o vídeo. Todo queda en la bitácora del punto con la hora.
La ficha de un punto cabe en una pantalla de móvil y se lee de un vistazo. Arriba, el estado, si necesita ayuda, si ya hay gente de sobra y conviene no acudir, si es un centro de acopio, y desde cuándo nadie lo confirma. Debajo, dos contadores que cualquiera puede mover, las personas que están ayudando ahora y las manos que todavía faltan. Después, las necesidades concretas en forma de etiquetas, desde agua y comida hasta percutores, cascos o discos de pulidora, que quien llega puede añadir o tachar. Y al final la bitácora, que guarda cada cambio con su hora.
El botón principal sirve para decir que sigues allí y que lo que se ve sigue vigente. Esa es toda la mecánica de verificación, y es lo que reinicia el reloj de las seis horas.

La ficha de un punto, con el estado, los contadores de gente, las necesidades y la bitácora.
Tener localizado y al día todo lo que pasa en una región entera es imposible, y menos en las primeras horas. Por eso el mapa no afirma que un punto sea correcto. Dice cuándo fue la última vez que alguien lo confirmó estando allí, y esa hora está siempre a la vista, en hora de Colombia, la mire quien la mire desde donde sea.
Cuando pasan seis horas sin confirmación, la información no se archiva ni se borra, se apaga. El punto aparece con el borde punteado y el color desvaído, sigue ahí para quien quiera acercarse a comprobarlo, y deja de leerse como algo seguro. Es la manera de reconocer en pantalla lo que el mapa no puede saber.
El color dice cuánta gente hay. El número dentro del círculo son personas, las que faltan o las que ya están.
La forma dice de qué tipo de punto se trata.

La leyenda, que cabe entera en la esquina de la pantalla.
Un mapa que cualquiera puede editar necesita algunas defensas, y son simples de entender. Cada dispositivo tiene un voto de confirmación por punto cada doce horas. Los contadores suben de uno en uno y tienen techo. Hay límites de ritmo por dispositivo y por dirección IP. Y el contador de personas mirando el mapa en ese momento funciona con latidos anónimos, sin cookies y sin rastrear a nadie.
El sello de «verificado» es la única pieza cerrada. Solo lo otorga la coordinación, y distingue los puntos que vienen de fuente oficial o curada del resto, que son responsabilidad de la comunidad que los sostiene.
El primer día completo el mapa recibió unas 253.000 peticiones, con picos de alrededor de 1.400 personas conectadas a la vez. El 95 % del tráfico vino de Colombia y casi tres cuartas partes del área de Cali, con visitas desde 19 países, que era la diáspora siguiendo a los suyos. La gente publicó más de 560 puntos, unos 4.300 dispositivos distintos confirmaron o corrigieron información, la bitácora pasó de 8.000 entradas y se subieron unas 245 fotos y vídeos.
Ayuda a dirigir manos hacia donde hacen falta, y en eso los avisos de «no acudir» en los puntos saturados resultaron tan útiles como las alertas de los puntos vacíos. Ayuda también a que se vean municipios pequeños como Dagua, Buenaventura o el norte del Cauca. No sustituye a nadie ni resuelve nada por sí solo, pone en común lo que la gente ya sabe.

Las estadísticas en vivo, con el pulso de actividad y las zonas urgentes que llevan más tiempo sin confirmarse.
Esa lectura agregada está abierta a cualquiera en la página de estadísticas, con el pulso de las últimas 48 horas, las zonas que se están quedando frías, lo más pedido en toda la región y el reparto de puntos por municipio.
Es una aplicación web servida desde el borde de la red de Cloudflare, que es lo que le permite aguantar miles de personas a la vez sin caerse. Funciona con la señal intermitente que hay en una emergencia, guardando los cambios en el teléfono y enviándolos cuando vuelve la cobertura.
El mapa que se ve está dibujado con Leaflet, una pequeña biblioteca libre que sirve para poner mapas interactivos dentro de una página web, sobre la cartografía abierta de OpenStreetMap. El fondo de Google Maps se sirve a través de nuestro propio servidor. Cuando se agota el cupo diario gratuito de Google, la aplicación cambia sola a OpenStreetMap y vuelve a Google cuando el cupo se renueva a medianoche.
Hay copias de seguridad cada hora y no se ha perdido ningún dato. La infraestructura está dimensionada para el pico de una emergencia y no para un uso constante, con lo que el gasto sube solo cuando hace falta y vuelve a bajar después.
El precedente clásico es Ushahidi en el terremoto de Haití de 2010, reportes ciudadanos por SMS convertidos en un mapa vivo que acabaron usando los equipos de rescate. La capa de verificación colectiva se ha refinado estos años en Ucrania, con el mapa de daños a civiles de Bellingcat, el Eyes on Russia del Centre for Information Resilience y el seguimiento en vivo de Liveuamap.
Este mapa se apoya en todo eso y no inventa gran cosa. Lo único que hace de otra manera es apagar solo, a las seis horas, lo que nadie ha vuelto a confirmar. La primera versión salió al día siguiente del sismo, y desde entonces se ha seguido trabajando en ella a diario, afinando con lo que iba pidiendo el uso real, la lectura del mapa, el buscador, las estadísticas agregadas y las defensas contra el abuso.